MINERÍA
Minerales críticos y soberanía en juego: Sepa qué firmó Milei con EEUU y cómo Argentina cede recursos estratégicos en plena disputa global.
Argentina firma con Estados Unidos una hoja de ruta geopolítica que transforma sus recursos estratégicos en moneda de cambio internacional
Argentina y Estados Unidos sellaron esta semana un acuerdo que posiciona los minerales críticos —recursos indispensables para las tecnologías del futuro y la seguridad energética mundial— en el eje central de la relación bilateral, marcando un giro de estrategia económica y geopolítica que merece escrutinio profundo.
El pacto, rubricado durante la Reunión Ministerial sobre Minerales Críticos convocada por el Secretario de Estado estadounidense Marco Rubio, contempla la creación de un Instrumento Marco para el Fortalecimiento del Suministro en Minerales Críticos y Energía, que establece una cooperación estratégica para facilitar inversiones, financiar proyectos mineros, simplificar permisos administrativos y desarrollar cadenas de valor completas en recursos clave.
Estados Unidos busca con esta alianza garantizar el acceso confiable a minerales como litio, cobre, grafito, manganeso y tierras raras, que son esenciales para la transición energética, la producción de baterías, vehículos eléctricos, electrónica avanzada y tecnologías de defensa. Para Washington, dicho acceso no es una cuestión meramente comercial: es una cuestión de seguridad nacional y liderazgo tecnológico en un mundo cada vez más competitivo y tensionado.
¿Qué implica para Argentina priorizar a EEUU como socio en minerales estratégicos?
El acuerdo oficial firmado con Estados Unidos contiene compromisos explícitos de que Argentina priorizará al país norteamericano como socio comercial y de inversión en minerales críticos, incluyendo no solo la materia prima, sino toda la cadena productiva asociada —desde la exploración y extracción hasta el procesamiento y comercialización— por encima de lo que llama “economías o empresas que manipulan el mercado”. Aunque no se mencionan específicamente nombres, la referencia implícita apunta claramente a China, principal rival geopolítico de Washington.
Según el comunicado argentino, la intención es “garantizar la equidad en el manejo de minerales críticos” y dar trato no menos favorable a empresas estadounidenses que a las locales, lo que coloca a EEUU en una posición ventajosa frente a otros inversores globales.
Además, el acuerdo prevé que Estados Unidos —a través de instituciones como el EXIM Bank o la Corporación Financiera Internacional (DFC)— provea financiamiento, préstamos y garantías para proyectos prioritarios en Argentina, facilitando así la llegada de capitales estadounidenses.
Minerales críticos: la carrera global que redefine alianzas
En medio de la tensión global por asegurar suministros de minerales estratégicos, potencias como Estados Unidos están trasladando su ofensiva geopolítica a regiones con grandes depósitos minerales, como África o America Latina, con acuerdos orientados a diversificar fuentes de suministro y reducir la dependencia del predominio chino en ciertos segmentos clave de la cadena de valor.
Argentina, con su vasto potencial en litio —hoy quinto productor mundial y con cerca del 30% de las importaciones estadounidenses— y significativas reservas de cobre, grafito y tierras raras, fue identificada como aliado prioritario para Washington en esta carrera geoestratégica.
Este tipo de acuerdos no son exclusivos de 2026: ya en agosto de 2024 Argentina había firmado un Memorándum de Cooperación con EEUU sobre minerales críticos y energía, donde se enfatizaba la intención de fortalecer las cadenas de suministro e integrar a la Argentina en la arquitectura de recursos estratégicos global.
Soberanía bajo presión: ¿ventajas o renuncias?
Para el gobierno del presidente Javier Milei, este tipo de acuerdos se justifican como una oportunidad para atraer inversiones, tecnología y financiamiento para proyectos mineros y energéticos de gran escala. El oficialismo sostiene que la cooperación con EEUU puede acelerar el desarrollo de sectores clave como el litio, el cobre y el gas, fortaleciendo las exportaciones y creando empleo.
Pero para analistas críticos, sectores ambientalistas y gran parte de la opinión independiente, hay una tensión evidente entre dicha narrativa y los riesgos de ceder soberanía sobre recursos estratégicos.
Una primera preocupación es que este tipo de compromiso prioriza la inserción de capital extranjero con protección de inversión y ventajas regulatorias, lo que puede dejar a Argentina en una condición de proveedor de materias primas más que de centro de fabricación de tecnología de alto valor agregado.
Una segunda preocupación es que, al privilegiar inversiones y comercio con Estados Unidos por sobre otros mercados (como la Unión Europea, China o incluso aliados regionales), Argentina podría quedar atado a decisiones estratégicas ajenas, limitando su margen de maniobra en política exterior y en la defensa de sus propios intereses energéticos.
El riesgo de explotación sin equidad
El acuerdo deja abierta la posibilidad de que empresas estadounidenses reciban beneficios fiscales, acceso preferente a proyectos mineros y un entorno regulatorio favorecedor, a través de programas como el Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI). Esto plantea la cuestión de si Argentina estará fortaleciendo sus capacidades productivas, o si simplemente facilitará un escenario en el que se exporten recursos estratégicos sin agregar valor local ni generar desarrollo industrial autónomo.
En el contexto global, la competencia por minerales críticos es feroz, y la necesidad de asegurar suministros ha convertido a países con grandes reservas como Argentina en objetivos prioritarios de alianzas estratégicas. Sin embargo, el modo en que se articulan estas alianzas —y quién se beneficia en última instancia— no es neutro: puede significar que los recursos que deberían ser palanca de transformación industrial terminen siendo meramente materias primas exportables, en una dinámica que recuerda a modelos de dependencia económica.
La firma de los acuerdos con Estados Unidos sobre minerales críticos y energía es un acontecimiento de enorme importancia estratégica para Argentina, con el potencial de traer financiamiento y desarrollo. Sin embargo, la priorización explícita de EEUU como socio comercial y de inversión en litio, cobre y otros recursos clave, en el marco de una disputa geopolítica global, abre una discusión urgente sobre soberanía, control de recursos estratégicos y la definición de un modelo de desarrollo independiente.
Más allá de la promesa de inversión y acceso a mercados globales, la Argentina enfrenta la encrucijada de decidir si estos acuerdos consolidan su lugar como potencia proveedor de recursos, o si constituyen una cedencia de control sobre sus activos estratégicos más valiosos, en un momento en que el mundo compite ferozmente por la transición energética y el liderazgo tecnológico.
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