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GAS & PETROLEO

Gas en Tierra del Fuego: Cómo el proyecto Fénix garantiza el suministro nacional este invierno 2026

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Mientras la atención mediática nacional suele centrarse en Vaca Muerta, el subsuelo marino de Tierra del Fuego se ha convertido en la verdadera garantía de suministro para los hogares y la industria argentina. Con una producción proyectada de 10 millones de metros cúbicos diarios, el yacimiento Fénix se posiciona como el activo más crítico de la Cuenca Austral.

Por: [Análisis Especial para No Somos Neutrales / Bocadepozo]

El invierno de 2026 ha comenzado con una certeza técnica: sin el aporte del offshore fueguino, el sistema energético nacional estaría hoy en una situación de vulnerabilidad extrema. Según nuestro análisis, el proyecto Fénix —ubicado a 60 kilómetros de la costa de Río Grande— es, junto a Vaca Muerta, la pieza fundamental para evitar el desabastecimiento en los meses de mayor demanda.

La potencia del «Fin del Mundo»

Fénix no es solo un proyecto más; es una proeza de ingeniería en aguas someras que ya inyecta cerca del 8% de la producción total de gas del país. Operado por TotalEnergies en asociación con la britanica Harbour Energy y Pan American Energy, el yacimiento ha logrado estabilizar la oferta en un momento donde las importaciones de Bolivia son cosa del pasado.

Los datos técnicos son contundentes:

  • Producción: 10 millones de m³ por día, suministrados prioritariamente al mercado interno.
  • Infraestructura: Conexión submarina de 35 kilómetros hacia la plataforma Vega Pléyade, enviando el recurso directamente a las plantas de tratamiento de Río Cullen y Cañadón Alfa.
  • Inversión: Un desembolso que superó los 700 millones de dólares, ahora amparado bajo el régimen del RIGI para sus futuras expansiones.

La paradoja de la provincia productora

Resulta imposible soslayar la importancia geopolítica de este desarrollo. Mientras Tierra del Fuego se consolida como la «balsa de salvación» para el confort térmico de Buenos Aires y el cordón industrial de Santa Fe, la provincia enfrenta internamente debates profundos sobre el costo de su propio recurso.

La confirmación de que Fénix es la «llave» del invierno pone de manifiesto que la isla no es solo un polo promocionado, sino el corazón energético del Mar Argentino. El gas que nace en nuestras cuencas es el que hoy permite que el país ahorre divisas y sostenga su actividad económica, un argumento de peso para cualquier discusión sobre tarifas y soberanía regional.

El futuro: Expansión bajo el RIGI

Recientemente, el Gobierno Nacional oficializó el ingreso de la ampliación del proyecto Fénix al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Esto abre una nueva etapa de perforaciones que busca no solo sostener el pico de producción, sino extender la vida útil de la Cuenca Austral hasta la década de 2040.

Para Tierra del Fuego, Fénix representa empleo calificado y regalías, pero sobre todo, representa la vigencia de un modelo extractivo que sigue siendo el sostén invisible de la República que a’un el gobierno de la provincia no puede aprovechar para trasladar esa potencia energética en prosperidad puertas adentro.

El aporte clave del offshore

Más allá del no convencional, el otro gran protagonista de este invierno 2026 será el bloque offshore Fénix, ubicado en la Cuenca Marina Austral, frente a las costas de Tierra del Fuego. Tras alcanzar su plena operatividad durante el último año, este desarrollo inyecta de forma constante 10 millones de m³/día al sistema nacional. Este aporte no solo representa cerca del 8% de la producción total de la Argentina, sino que funciona como una garantía de “gas base” que fluye desde el sur hacia los nodos de consumo del centro del país.

La relevancia del offshore en el Mar Argentino reside en su capacidad de resiliencia y estabilidad. A diferencia de otros proyectos, Fénix permite una previsibilidad que resulta vital para la programación estacional de la Secretaría de Energía. El aporte de este bloque equivale a la energía transportada por unos 15 barcos de Gas Natural Licuado (GNL), lo que se traduce en un ahorro sustancial de divisas y en una menor dependencia de la infraestructura portuaria para la regasificación durante las olas de frío.

La formación Vaca Muerta continúa su ritmo de expansión, aunque enfrenta sus propios límites. La producción no convencional en la Cuenca Neuquina demostró un crecimiento sostenido que permitió compensar el declino natural de los yacimientos convencionales. No obstante, el sistema de transporte sigue siendo el cuello de botella principal. Durante los picos de demanda invernal, la capacidad de los gasoductos troncales suele operar al límite, lo que obliga a las operadoras a monitorear minuto a minuto la presión de las redes para evitar caídas en el servicio.

La comparación entre la demanda de verano y la de invierno revela que la Argentina debe gestionar un excedente de consumo de casi 50 millones de m³/día en solo cuatro meses. Para cubrir esa diferencia, el país todavía depende de un esquema mixto que incluye la terminal de regasificación de Escobar.

Aunque la cantidad de buques de GNL necesarios descendió drásticamente en los últimos dos años gracias a la mayor oferta doméstica, el sistema todavía requiere de ese “pulmón” para absorber los picos que la producción local no alcanza a inyectar por falta de caños adicionales.

En el norte del país, el panorama presenta matices particulares. Con la finalización de los contratos de importación de gas desde Bolivia en septiembre de 2024, la Argentina debió acelerar las obras de reversión del Gasoducto Norte.

Este invierno de 2026 marca la continuidad de un hito, ya que el gas de Vaca Muerta debe fluir hacia las provincias septentrionales, sustituyendo el suministro que históricamente bajaba desde el país vecino.

El límite del sistema de transporte

Como las obras de reversión no están completas, a falta de la entrada en operación de cuatro plantas de compresión, la región norte volverá a estar al límite, por lo que, temperaturas mediante, la alternativa es la importación de GNL desde Chile o la compra de gas desde Bolivia a valor de mercado spot, tal como ocurrió el año pasado y el presente para abastecer a las generadoras eléctricas de la región, que ya están habilitadas a gestionar su propio combustible.

La industria energética también observa de cerca el comportamiento de los bloques offshore más antiguos en la misma zona fueguina. La sinergia entre los yacimientos tradicionales del área Cuenca Marina Austral-1 y el nuevo aporte de Fénix permite que el Gasoducto San Martín opere con una carga del 60% de capacidad. Esta integración entre lo nuevo y lo existente es lo que otorga al sistema la robustez necesaria para enfrentar un trimestre que, según los pronósticos meteorológicos, podría presentar una variabilidad térmica considerable.

Desde el punto de vista técnico, el éxito de la campaña invernal dependerá de la operatividad de las plantas de compresión. Estas instalaciones son las encargadas de “empujar” el gas a través de los ductos, y su correcto funcionamiento es lo que permite que el fluido llegue desde el extremo sur y el corazón del Neuquén hasta la zona del AMBA y los polos industriales. Una falla menor en estas plantas, en medio de una ola de frío extremo, podría comprometer el abastecimiento y, en primer plano, a las industrias, que suelen sufrir cortes para proteger el consumo residencial.

Las proyecciones para los próximos meses indican que, si se mantienen las condiciones climáticas dentro de los rangos normales, la Argentina logrará atravesar el invierno con un nivel de autonomía energética inédito en las últimas dos décadas. La producción bruta nacional ya coquetea con los 145 millones de m³/día en sus mejores jornadas, una cifra que acerca al país al objetivo del autoabastecimiento pleno, aunque la estacionalidad siga siendo un factor que distorsiona el balance anual, aún hoy comprometido por la capacidad de transporte.

En términos de costos, el gas producido en el offshore y en Vaca Muerta resulta significativamente más económico que el GNL importado o el gasoil utilizado para la generación eléctrica. El ahorro puede resultar muy superior si se considera el complejo contexto global que incrementó fuertemente el costo del GNL, en particular el índice de referencia TTF, con lo que, de demandar la misma cantidad de barcos, la cifra podría significar entre 500 y 700 millones adicionales a los 700 millones gastados en 2025 para la compra de 27 cargamentos.

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