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GUERRA

El «Efecto Ormuz» ya se siente en la Argentina

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Lo que ocurre en Medio Oriente desde hace semanas empezó a sentirse también en la estructura productiva argentina, con efectos que no se distribuyen de manera uniforme.

Las guerras suelen medirse en perdida de vidas, daños materiales y posiciones militares. Sin embargo, algunas tienen la capacidad de atravesar continentes y filtrarse en economías lejanas, incluso en aquellas que no participan directamente del conflicto. Lo que ocurre en Medio Oriente desde hace semanas —y que tuvo uno de sus puntos más críticos en torno al Estrecho de Ormuz— empezó a sentirse también en la estructura productiva argentina, con efectos que no se distribuyen de manera uniforme.

El informe “La guerra en Irán y sus efectos en las regiones argentinas”, elaborado por el IERAL, pone el foco precisamente en esa transmisión indirecta. Allí se advierte que las tensiones en el Golfo Pérsico, sumadas a las dificultades logísticas en Ormuz, generaron “una fuerte suba de los precios del petróleo, gas y sus derivados (sumada a la alta volatilidad de los mismos)”, con impacto global pero consecuencias diferenciadas según la posición de cada país frente a esos mercados.

Ese movimiento fue impactante. Entre enero y marzo, el precio internacional del petróleo aumentó un 55%, mientras que el gas natural en Europa subió 52% y la urea —insumo clave para el agro— avanzó un 75%. En la Argentina, en cambio, las subas fueron más moderadas: 31% en gasoil, 27% en gas y 54% en fertilizantes.

El propio informe lo sintetiza así: “Aunque la suba global de precios genera suba de costos en todo el mundo, en Argentina el impacto es significativamente menor en base al descalce de precios locales con los internacionales”.

Un impacto desigual hacia adentro

Esa brecha entre precios internacionales y locales amortigua el impacto, pero no lo elimina. Y, sobre todo, no lo distribuye de manera homogénea.

El documento plantea que el efecto de esta nueva dinámica global dependerá de dos factores centrales:

  • la estructura productiva de cada región
  • su grado de dependencia energética

En ese sentido, la Argentina llega a esta crisis con una diferencia clave respecto de otros momentos: hoy es exportadora de petróleo, con un esquema energético más equilibrado y con importaciones de gas concentradas en los meses de invierno.

Ganadores: las provincias petroleras

En ese escenario, las provincias productoras de hidrocarburos aparecen como las principales beneficiadas por el nuevo contexto internacional.

Según el IERAL, los mayores ingresos por exportaciones y regalías se concentrarán en:

  • Neuquén, como principal ganador
  • Chubut
  • y en un segundo grupo: Santa CruzMendoza y Río Negro

En el caso del gas, la concentración es aún mayor: Neuquén absorbe la mayor parte de los beneficios por la localización de la producción.

El aumento de precios internacionales implica, en estos casos, mayores ingresos fiscales vía regalías y un impulso adicional a la actividad.

Perdedores: costos más altos en el resto del país

Del otro lado, las provincias con menor producción energética enfrentan un escenario más complejo.

Aunque los precios locales suben menos que los internacionales, el encarecimiento de:

  • combustibles
  • energía
  • fertilizantes

impacta directamente en los costos productivos.

Esto afecta especialmente a economías regionales y sectores intensivos en insumos energéticos, donde el aumento de costos no siempre puede trasladarse a precios.

Una “nueva normalidad” con precios más altos

El informe advierte que el escenario actual no responde solo a un shock transitorio.

“La guerra en Irán y el daño a la infraestructura energética consolidan por cierto período nuevos valores mínimos en los precios”, señala el documento, lo que obliga a revisar proyecciones de crecimiento e inflación a nivel global.

En ese marco, la pregunta ya no es solo cuánto suben los precios, sino cómo se redistribuyen sus efectos dentro de cada economía.

Qué es el Estrecho de Ormuz y por qué sigue en el centro de la escena

Ubicado entre Irán y Omán, el Estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el mar Arábigo, y constituye uno de los puntos más sensibles del sistema energético global: por allí transita cerca del 20% del petróleo que se consume en el mundo.

Su relevancia no responde solo a su ubicación, sino también a su fragilidad. Con apenas unos 34 kilómetros en su punto más angosto y corredores de navegación reducidos, cualquier alteración —militar o logística— impacta de forma inmediata sobre los precios internacionales de la energía.

En las últimas semanas, ese riesgo dejó de ser hipotético. Los ataques cruzados entre Estados UnidosIsrael e Irán pusieron al estrecho en el centro de la tensión global, con el bloque dispuesto por el país persa.

A la fecha, el escenario muestra una tregua relativa: Washington y Teherán acordaron un alto el fuego, mientras que Israel y Líbano iniciaron negociaciones. Sin embargo, la incertidumbre no se disipó. El daño sobre infraestructura energética, la volatilidad de los precios y la posibilidad de nuevas disrupciones mantienen a Ormuz como un factor de riesgo latente.

Fuente: El cronista

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