GAS & PETROLEO
El «Matón del barrio» Donald Trump ahora va por Groenlandia ¿Porque?
WASHINGTON D.C., EN ESTOS MOMENTOS — El gabinete del Presidente Donald Trump activa un nuevo capítulo en su doctrina de «América Primero», una que los analistas definen sin ambages como una Doctrina Monroe del Siglo XXI, impulsada por la transacción inmediata y la fuerza.
Mientras el mundo observa, la administración no disimula su enfoque: los recursos estratégicos y la posición geopolítica son activos a ser reclamados, y las soberanías ajenas son, demasiado a menudo, meros obstáculos administrativos.

En este preciso instante, la mirada de la Casa Blanca tiene dos blancos claros, ambos reveladores de una lógica expansionista que opera en tiempo presente.

OBJETIVOS: GROENLANDIA, LA «COMPRA ESTRATÉGICA o LA INVASIÓN»
En estos momentos, el Presidente Trump reitera en privado Y EN PÚBLICO, y pronto podría hacerlo EFECTIVO, su evaluación y anexión de Groenlandia como una «adquisición inmobiliaria geopolítica» sin explotar. Para su administración, la autonomía danesa sobre la isla no es un derecho soberano sagrado, sino una ineficiencia que perjudica los intereses estratégicos de Estados Unidos.
Los cálculos son fríos y se ejecutan en presente:
- Recursos Futuros: El deshielo ártico está revelando, hoy, acceso a tierras raras, petróleo y gas. Trump ve a China y Rusia moviendo piezas en el tablero y considera inaceptable que Estados Unidos no controle directamente un territorio clave.
- Posicionamiento Absoluto: Instalar una presencia permanente y soberana en Groenlandia no es un proyecto a largo plazo; es una necesidad de seguridad nacional inmediata en la nueva Guerra Fría del Ártico.
- El Mensaje: La oferta de compra, que humilló a un aliado de la OTAN, envía un mensaje que resuena ahora a todos los rincones del mundo: para esta administración, todo territorio tiene un precio, y la lealtad aliada es secundaria frente a la ventaja estratégica.
OBJETIVO : VENEZUELA, EL «BOTÍN EN EL PATIO TRASERO»
Mientras tanto, la crisis venezolana no es vista como un drama humanitario complejo, sino como una oportunidad de confiscación en tiempo real. La retórica de «todas las opciones están sobre la mesa» ha evolucionado. Hoy, en el presente, se traduce en una evaluación cruda.
El razonamiento, según fuentes internas, opera así:
- Problema: Un «régimen hostil» controla las mayores reservas de petróleo del planeta, a pocas millas de nuestras costas.
- Solución: Una intervención militar quirúrgica, justificada como «restauración del orden» o «acción humanitaria», que permita el control de facto de los activos energéticos.
- Mecanismo: La confiscación de buques petroleros, decretada hoy mismo como represalia por «actos contra la democracia» o bajo leyes de embargo, sería solo el primer paso. El objetivo final es transferir la administración de la producción petrolera a entidades afines a Washington.
Esta no es una hipótesis lejana. Es el plan de contingencia que se debate y actualiza hoy en el Pentágono y el Departamento de Estado, donde la Doctrina Monroe se cita no como historia, sino como un manual de operaciones vigente.

LA DOCTRINA TRUMP: EL IMPERIO COMO TRANSACCIÓN INMEDIATA
Lo que el mundo presencia y sufre en este instante no es ideología, es puro realismo depredador. La llamada Doctrina Trump tiene principios operativos que se aplican ahora:
- La Soberanía es Fungible: Las fronteras son líneas en un mapa sujetas a renegociación si un activo estratégico está en juego. Groenlandia lo prueba.
- La Fuerza es Herramienta Comercial: El poder militar no existe para la disuasión, sino para la obtención directa de recursos. Venezuela es el caso de estudio inmediato.
- El Derecho Internacional es corrompido y violado por una super potencia: Los marcos multilaterales son para países débiles. Las acciones unilaterales y las sanciones económicas letales son la nueva norma, aplicadas en tiempo real.
La advertencia es presente y global. Si la comunidad internacional permite que esta lógica se normalice—que un país fuerte pueda, hoy, esbozar la compra del territorio de un aliado y planear la confiscación de los recursos de un vecino—entonces todos los países con recursos codiciados pasan a estar en la mira. El petróleo hoy puede ser el litio mañana, el cobre pasado, o el agua dulce.

La administración Trump no está reviviendo el imperialismo del siglo XIX. Está pionerizando un neoimperialismo del siglo XXI: digital, financiero, mediático, pero con la misma ambición territorial y rapacidad resourceful de siempre. Y su reloj, advierten los observadores, no marca las horas del pasado, sino los segundos de un futuro inminente y mucho más inestable. El mundo está siendo re-dibujado, y el presidente Trump sostiene el lápiz con mano firme y mirada en la cuenta de resultados.
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