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ANÁLISIS Y OPINIONES

¿Argentina se salva con Vaca Muerta?

Bocadepozo

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El gobierno de Alberto Fernández eligió hacer una fuerte apuesta al complejo entramado del mayor yacimiento de no convencionales del país. Deberá atender desde la complejidad y costo de extraer ese petróleo y gas de las rocas hasta el rediseño del cuadro de tarifas.

Por Verónica Ocvirk

En Añelo no hay cerrajeros. La localidad neuquina que por esas cosas de la geología quedó pegada al segundo yacimiento no convencional de gas más grande del mundo tiene cerca de ocho mil habitantes, ninguno cerrajero. Si de mala suerte una llave se parte adentro de una cerradura, entonces tiene que ir a sacarla alguien desde Neuquén (a unos 100 kilómetros) o de Rincón de los Sauces (a 130). Para el caso, hay unos cuantos barrios que ni siquiera tienen red de gas. Sí hay un nuevo hospital, una nueva comisaría, un nuevo casino. Y a pesar de que la mayoría de las calles son de tierra, alquilar un departamento puede costar en Añelo lo mismo que en Palermo.

Resulta interesante escuchar las palabras con la que se rebautizado el fenómeno Vaca Muerta: “promesa”, “oportunidad”, “gran apuesta” y hasta “el milagro”. ¿Argentina se va a salvar con Vaca Muerta?, pareciera ser la pregunta de fondo. En sintonía con ese lenguaje entre encandilado y mesiánico, no deja de constituir el punto clave: qué puede significar Vaca Muerta en el futuro de la Argentina, cómo cuadra este descubrimiento en una economía interpelada por el cambio climático y qué puede hacerse de cara a que esa formación sea capaz de apalancar las posibilidades de desarrollo.

Pasan cosas

“El recurso es extraordinario y está en nuestro territorio. Y a medida que pase el tiempo va a ser más valioso y estratégico”, afirma el director del Centro de Estudios de Energía, Política y Sociedad (Ceepys), Víctor Bronstein. Pero a la vez -aclara- pasan cosas. Una, sabida a esta altura, es que los hidrocarburos no convencionales tienen unos costos de producción altísimos y exigen una perforación de pozos permanente ya que su rendimiento, alto en principio, enseguida empieza a caer. “La única forma de sostener eso es a través de un constante flujo de dinero que no está disponible en el país”, advierte Bronstein. Y agrega: “con Vaca Muerta el autoabastecimiento de gas y petróleo estaría garantizado, el problema es que la Argentina sola no tiene plata para desarrollar el yacimiento. Nos guste o no, necesitamos las inversiones de las petroleras internacionales”.

El esquema sería el siguiente: se necesita poner condiciones que favorezcan al país, y se necesita, a la vez, que las empresas extranjeras inviertan. Se necesita ofrecerles un contexto “amistoso” (porque Vaca Muerta no es la única área hidrocarburos no convencionales del planeta), pero se necesita un esquema tarifario que no haga que una estufa en un tres ambientes se convierta en impagable.

A eso se suma que, como los valores que las empresas declaran necesitar para producir petróleo y gas no convencionales son más altos que en otros países, la actividad necesita ser subsidiada. También el hecho de que si el mercado interno no es suficiente para darle “escala” al proyecto, se abre la alternativa de exportar. Pero en el caso de querer exportar gas natural a países con los cuales no se tiene contacto por gasoducto (que son todos menos Brasil, Chile y Uruguay) haría falta invertir en una planta que pueda llevar el gas a estado líquido para transportarlo por barco. Y esa planta no cuesta menos de 5000 millones de dólares.

Son abundantes pero caros los recursos de Vaca Muerta. En parte ese costo elevado se ha venido cubriendo con subsidios (el Plan Gas primero, la Resolución 46 después) y en parte con transferencias desde los sectores de consumo. “El tema no es tanto si aceptamos la participación o no de empresas extranjeras, una discusión que estaría saldada, sino las condiciones en las que se da esa participación”, dice Bronstein.

Desde el Instituto de Energía Scalabrini Ortiz, Marcos Rebasa afirma que para el caso del gas existe la alternativa de aplicar “una política realista que descarte inversiones fabulosas para garantizar la exportación, que actualmente no es competitiva, y promueva en cambio su producción sin subsidios para favorecer un precio accesible de tarifas”, a lo que suma que se podría autorizar también la exportación libre de los excedentes a los países vecinos una vez cumplido lo anterior. “Y si las petroleras desisten de invertir en gas -arriesga-, entonces YPF ocupará ese rol accediendo a las áreas de los que se retiren”.

Pymes o casinos

“Desde los autores clásicos se sabe que la riqueza de las naciones no viene por la renta de los recursos naturales, sino por agregar valor. Por el sector industrial, no por la actividad primaria. Porque lo que generan las actividades primarias son grandes rentas que podrán ingresar divisas, aunque con una distribución del ingreso inequitativa. Está bien: los trabajadores del sector petrolero cobran sueldos altos, pero generan unas inequidades fenomenales. ¿Cómo “compite”, para el caso, un maestro que vive en un mismo pueblo con petroleros que hacen que un alquiler se vaya a las nubes?”, señala el investigador de Flacso y del Conicet Mariano Barrera

Observa con dudas la promesa de que Vaca Muerta vaya a ‘salvarnos’. “Si llega a prender como se supone que va a prender, si bajan los costos y se hace más eficiente la producción, eso va a generar ingresos para las grandes empresas mientras el Estado recauda un poco más de regalías y ganancias. Pero a diferencia de la explotación convencional, donde existe un expertís argentino para la generación de bienes de capital, en el no convencional estos bienes son principalmente importados. Y esas importaciones frenan el ‘derrame’ positivo que el proyecto podría tener para la Argentina, ya que dejan a los empresarios locales de la industria o los servicios de menor calidad. De hecho las empresas que desarrollan la actividad son casi todas extranjeras, y aunque por supuesto algo de movimiento local generan, ¿cuánto valor produce, por ejemplo, el transporte de arena?”.

A mayor agregación de valor -dice- existe trabajo mejor remunerado y menor desigualdad, mientras que las rentas naturales generan ingresos muy elevados, pero sociedades desiguales. “Lo más sencillo de hacer con Vaca Muerta es, entre comillas, explotarla rápido y con tecnología importada. Hay que ver la lógica detrás: si es ‘saquemos el recurso y exportemos’ eso podrá generar divisas a corto plazo, aunque también es relativo, porque esa explotación va a requerir importaciones, más allá de las tarifas dolarizadas y los precios impagables. Otra cosa diferente sería que exista una política que permita ir integrando a la actividad una producción cada vez más local. Porque si efectivamente Vaca Muerta tiene gas y petróleo para cien años, entonces está la escala para desarrollar tecnología propia”, asegura.

La matriz energética

“¿Cómo se atreven?”, cuestionó Greta Thunberg a los líderes mundiales, acusándolos de que “estamos en el inicio de una extinción masiva, cuando de lo único de lo que hablan es de dinero y cuentos de hadas sobre crecimiento económico eterno”.

Fue en la Cumbre del Clima de la ONU y su discurso amplificado también tiene que ver con Vaca Muerta y con la necesidad de basar la matriz energética local en fuentes renovables y con menos emisiones de carbono, esto es: ni gas ni petróleo.

La industria hidrocarburífera ha desarrollado una respuesta para eso: dice que se está en una transición hacia las renovables, pero antes tiene que sobrevenir otro cambio: el del gas reemplazando al carbón, que libera mucho más dióxido de carbono que otros combustibles fósiles.

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