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COMBUSTIBLES

Después de criticar al estilo Kirchnerista, YPF congela los precios de sus combustibles por 45 días por pedido de Caputo.

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YPF Congela Precios y el Gobierno Abraza la Intervención que Juró Combatir. Tras años de demonizar el «dirigismo» kirchnerista y prometer un mercado desregulado, la administración actual apela a la petrolera de bandera para planchar los valores de naftas y gasoil por 45 días.

Una medida que expone la fragilidad del relato libertario ante la urgencia inflacionaria y que intenta disfrazar de «decisión corporativa» lo que es una orden política directa, repitiendo las prácticas que antes tildaban de «populismo energético».

Por Redacción

Ushuaia Tierra del Fuego – La política energética argentina ha sumado un nuevo capítulo que oscila entre la contradicción ideológica y el cinismo operativo. YPF, la empresa controlada por el Estado que ostenta más del 55% del mercado de combustibles, ha decidido congelar los precios de sus productos en surtidor por un plazo de 45 días, una medida que, lejos de ser una simple decisión comercial, desnuda un giro drástico y cínico en la estrategia económica del gobierno del presidente Javier Milei.

Esta decisión llega en un momento crítico: los contratos de GNL para el invierno, que están siendo negociados por estos días de abril de 2026 bajo la sombra de la crisis global desatada por el bloqueo en el Estrecho de Ormuz, proyectan costos altísimos que el Ejecutivo parece no estar dispuesto a trasladar directamente a la inflación minorista antes de que se consolide una baja sostenible del índice de precios.

De la «Libertad de Precios» al «Planchazo» Intervencionista

Durante la campaña y los primeros meses de gestión, el discurso oficial fue inquebrantable: el Estado no debe intervenir en la formación de precios, la Ley de Oferta y Medio Ambiente es sagrada, y las prácticas regulatorias del kirchnerismo eran la causa de todos los males energéticos. Se prometió una «alineación con los precios internacionales» y una desregulación total para atraer inversiones.

Sin embargo, la realidad de la góndola y el surtidor ha impuesto su propia lógica. Con el congelamiento de YPF, el gobierno libertario está utilizando exactamente la misma herramienta que criticó durante años: usar a la petrolera estatal como «ancla» para contener el índice de inflación y evitar el impacto social de los aumentos.

La contradicción es brutal. Lo que antes era tildado de «populismo energético», «atentado contra la inversión» e «intervención dañina» cuando lo hacía el kirchnerismo, hoy se presenta implícitamente como una medida de «prudencia» o «acomodamiento». Es el abrazo a la intervención estatal disfrazado de pragmatismo.

El Cinismo de la Disimulación Corporativa

El aspecto más cínico de esta medida no es solo el giro ideológico, sino el intento de disimularlo. Desde el entorno oficial y la propia conducción de YPF se busca presentar esta decisión como una «estrategia de mercado» de la compañía, una pausa técnica basada en variables financieras propias.

Este argumento es insostenible para cualquier analista del sector energético. En una empresa donde el Estado nacional es el accionista mayoritario y cuyo presidente responde directamente al Ejecutivo, es imposible separar una decisión de congelamiento de precios por 45 días de una orden política emanada de la Casa Rosada o del Palacio de Hacienda.

Intentar vender esta medida como una decisión puramente corporativa y «de mercado» es un insulto a la inteligencia pública. Es el ejercicio cínico de aplicar una política regulatoria agresiva mientras se sigue sosteniendo, en el discurso, la bandera de la libertad económica.

La Frágil Coherencia del Relato Libertario

Este congelamiento en YPF pone en evidencia que la supuesta «motosierra» y la desregulación total tienen límites muy claros cuando la inflación amenaza con desbordarse. El gobierno ha descubierto que el mercado libre de combustibles, en un contexto de altísima inflación y paridad de importación creciente (especialmente con la crisis de Ormuz encareciendo el crudo y el gas a nivel global), es un cóctel políticamente explosivo.

La coherencia del relato libertario se resquebraja ante la necesidad política. Al igual que sus predecesores, esta administración ha sucumbido a la tentación de «planchar» el surtidor para ganar tiempo, demostrando que, cuando las papas queman, la «libertad» se suspende por 45 días (o lo que sea necesario).

El congelamiento de combustibles en YPF es mucho más que una noticia económica; es un hito político que marca el fin de la inocencia ideológica del gobierno actual en materia energética. Al adoptar las mismas prácticas intervencionistas que juraron combatir, y al intentar disimularlas con un cinismo corporativo, el Ejecutivo ha demostrado que su amor por el libre mercado es condicional y que, al final del día, el control de precios sigue siendo la herramienta predilecta del poder político argentino, sin importar el color ideológico de quien ocupe el sillón de Rivadavia.

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