ENERGÍA NUCLEAR
El desguace del sector nuclear argentino y el fin de la soberanía tecnológica
Argentina atraviesa una de las crisis más profundas en su historia científica y estratégica. Bajo la consigna de la «modernización», el gobierno nacional ha iniciado un proceso de desguace sistemático del sistema nuclear, un sector que posicionó al país entre las 12 naciones con mayor desarrollo tecnológico en la materia. Lo que comenzó como un ajuste presupuestario se ha transformado en un «remate» de activos y conocimiento acumulado durante más de 70 años.
La asfixia presupuestaria y el factor humano
El desmantelamiento tiene una base numérica devastadora: el presupuesto de la CNEA se ha reducido un 45,4% en términos reales durante los últimos tres años, mientras que la inversión en bienes de capital se desplomó un 53,4%. Esta asfixia ha forzado la paralización de proyectos emblemáticos y una pérdida irreparable de capital intelectual. La reciente ola de despidos en la CNEA, que afecta a personal altamente especializado en áreas como la física de reactores y la medicina nuclear, es descrita por expertos como un «vaciamiento» que beneficia directamente a corporaciones extranjeras que captan estos cuadros técnicos formados por el Estado argentino.
Proyectos estratégicos en el limbo
El reactor CAREM, el primer reactor modular pequeño (SMR) diseñado íntegramente en el país y que presentaba un avance del 65% al 85% en su ingeniería civil, se encuentra hoy paralizado y en estado de abandono. A esta situación se suma una reciente controversia técnica: una comisión de expertos independientes advirtió sobre incertidumbres críticas en la seguridad y el diseño del prototipo CAREM25, señalando que en su estado actual no se puede inferir que su funcionamiento sea seguro sin validaciones experimentales previas.
Mientras el proyecto nacional se detiene, el gobierno formalizó la privatización parcial del 44% de Nucleoeléctrica Argentina (NASA), la empresa superavitaria que opera Atucha I, II y Embalse. Esta medida entrega a manos privadas activos estratégicos valuados en miles de millones de dólares que generan el 7% de la energía eléctrica del país.
La soberanía energética bajo tutela extranjera
El desguace no ocurre en el vacío. Expertos y trabajadores denuncian un plan para subordinar el desarrollo nuclear argentino a los intereses de Estados Unidos. El reciente «Procedimiento de Acceso Preliminar» permite que empresas privadas, nacionales o extranjeras, accedan a información sensible y recorran instalaciones estratégicas de la CNEA para identificar activos de su interés.
Este interés se centra especialmente en el uranio. El gobierno ha reactivado la minería de este metal como una «prioridad absoluta» para insertar al país en la cadena de suministro global, principalmente orientada a fortalecer la seguridad energética estadounidense. El esquema planteado es calificado por investigadores como «totalmente extractivista», donde Argentina proveería la materia prima sin generar valor agregado local.
Consecuencias: Salud y Dependencia
Las consecuencias más crueles de este proceso impactarán en la salud pública. La privatización y el desfinanciamiento amenazan al Plan Nacional de Medicina Nuclear, que garantiza tratamientos oncológicos gratuitos. Al pasar estos centros a manos privadas, el acceso a diagnósticos de alta complejidad quedará sujeto a la capacidad de pago, convirtiendo un derecho en una mercancía.
En definitiva, la Argentina renuncia a su capacidad de producir energía limpia y soberana, a su autonomía tecnológica y a la protección de sus recursos estratégicos. Lo que tomó siete décadas construir con el esfuerzo de generaciones, hoy se encamina a ser desmantelado en un proceso de extranjerización que devuelve al país a un modelo de mera colonia proveedora de recursos.
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