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Exclusivo: Milei Sondea entre gobernadores la posibilidad de privatizar YPF: «Está en todo su derecho» dijo Marín

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Si bien el CEO de YPF evitó responder sobre una eventual privatización de la compañía, dijo que el Gobierno puede hacerlo. Para ello el «Colorado» Santilli está sondeando a topdos los gobernadores de OFEPHI ofreciendo una posible paeticipación de las provincias.

Tras avalar el desguace operativo del «Plan Andes», los mandatarios de las provincias petroleras, acorralados por la crisis financiera y la parálisis de la obra pública impuesta por el Ejecutivo Nacional, se encaminan a ceder el control de la joya de la corona. Las recientes declaraciones del presidente de YPF, Horacio Marín, ratificando el «derecho titanic» de Javier Milei a vender la empresa, no son más que el preludio de una negociación espuria donde la soberanía energética se canjea por oxígeno fiscal de corto plazo para gestiones provinciales agónicas.

Por Redacción de boca de pozo

Río Grande, Lunes, 6 de Abril de 2026 – La historia energética de la Argentina se encamina a repetir sus capítulos más oscuros, esta vez con una puesta en escena que combina el dogmatismo ideológico del gobierno central con la debilidad estructural y la complicidad política de los gobiernos provinciales. El presidente de la Nación, Javier Milei, lejos de abandonar su promesa de campaña, insiste en la privatización de YPF S.A., y para lograrlo, prepara un acuerdo político con los gobernadores integrantes de la Organización de Federal de Estados Productores de Hidrocarburos (OFEPHI), aprovechando la situación de asfixia financiera que él mismo ha provocado.

El terreno para este acto final de entrega comenzó a pavimentarse con el denominado «Plan Andes», el primer gran desguace operativo de la empresa de bandera. Bajo la excusa de la «eficiencia» y la concentración en Vaca Muerta, YPF, conducida por Horacio Marín, procedió durante 2024 y 2025 a la reversión o venta de más de 50 áreas maduras en cuencas convencionales de Santa Cruz, Chubut, Mendoza, Neuquén y Río Negro y Tierra del Fuego.

Este plan, que dejó un tendal de pymes locales quebradas, despidos y una incertidumbre ambiental galopante por los pasivos no remediados, contó con el aval, explícito o implícito, de la mayoría de los gobernadores de la OFEPHI. Hoy, esos mismos mandatarios, muchos de los cuales enfrentan crisis de gobernabilidad por la falta de fondos para salarios y servicios básicos, se aprestan a dar el paso final: entregar la propiedad de la empresa a cambio de una promesa de «alivio fiscal» o el retorno de una porción marginal de la coparticipación federal.

Marín y el «Derecho Titánico» de la Privatización

La señal de largada para esta nueva ofensiva privatizadora la dio el propio Horacio Marín. En declaraciones recientes a Splendid AM, el presidente de YPF ratificó que Javier Milei está en «todo su derecho» de privatizar la empresa, argumentando cínicamente que el jefe de Estado es el «accionista» principal en representación de la Nación.

Marín, en un tono que roza el servilismo político más que la idoneidad técnica, valoró «infinitamente» lo que está haciendo el gobierno de Milei, calificándolo de un «trabajo titánico para cambiar a la Argentina». Al vincular la privatización con la necesidad de eliminar «aranceles y subsidios», Marín no solo blanquea la agenda ideológica del Ejecutivo, sino que admite que su gestión no es más que una intervención para preparar la venta del activo más estratégico del país, y no para generar valor genuino para la compañía y la Nación.

Esta visión patrimonialista del Estado por parte de Marín y Milei ignora deliberadamente que YPF no es una simple empresa de propiedad del «gobierno de turno», sino una sociedad anónima controlada por el Estado Nacional y las provincias, cuyo objeto es la explotación y desarrollo de recursos no renovables que pertenecen a la Nación y cuyo fin debe ser la soberanía energética, no la maximización de la ganancia financiera de corto plazo para cubrir un déficit fiscal autoinfligido.

La OFEPHI en el Paredón: De la Resistencia a la Rendición por Goteo

La situación de los gobernadores de la OFEPHI es la clave de bóveda de esta operación. Desde la asunción de Milei, las provincias petroleras han sufrido un recorte brutal de transferencias discrecionales, la parálisis total de la obra pública financiada por Nación y una caída en la recaudación de regalías por la devaluación y la contracción del mercado interno.

Gobernadores como Ignacio Torres (Chubut), Claudio Vidal (Santa Cruz), Rolando Figueroa (Neuquén) o Alberto Weretilneck (Río Negro) Gustavo Melella (Tierra del Fuego), quienes en algún momento intentaron articular una defensa del federalismo energético, hoy se encuentran gestionando la miseria. Milei ha utilizado la «billetera y el látigo» con maestría cínica: asfixia financiera para forzar la rendición política.

El pacto que se está cocinando es simple y nefasto: el Gobierno Nacional insiste con la inclusión de la privatización de YPF en una nueva versión de la «Ley Bases» o a través de un acuerdo directo en el marco del «Pacto de Mayo», y a cambio, ofrece a los gobernadores de la OFEPHI la restitución parcial de fondos de incentivo docente, subsidios al transporte o la reactivación de obras públicas específicas.

Conclusión: El Desprestigio de la Entrega

La nota crítica debe recaer con peso sobre estos gobernadores. Avalar la privatización de YPF, después de haber sido testigos y cómplices del vaciamiento del «Plan Andes», representa una traición histórica a los intereses de sus propias provincias y de la Nación. Canjear el control de Vaca Muerta y de la principal empresa hidrocarburífera del país por fondos frescos para cubrir gastos corrientes es el acto de desesperación de una clase política provincial que ha decidido sobrevivir a corto plazo a costa del futuro energético de las próximas generaciones.

El gobierno de Milei está utilizando la crisis que él mismo agrava como herramienta de extorsión política. Y los gobernadores de la OFEPHI, en lugar de resistir y defender la soberanía de sus recursos, parecen listos para firmar su rendición final, convirtiendo a Vaca Muerta en un enclave exportador bajo control extranjero, mientras las pymes locales y los trabajadores de las cuencas convencionales pagan el costo de un «cambio cultural» que no es más que un desguace planificado del patrimonio nacional. El desprestigio para el federalismo petrolero será histórico e irreparable.

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